
No conozco a nadie que haga cine como lo hace Vicente Villanueva. Si me esfuerzo, y eso que es un humor españolísimo, estoy seguro de que lograría encontrar parecidos razonables entre él y algunos autores de las pequeñas producciones del cine independiente americano, o quizá de la última hornada del nuevo realismo francés, pero sinceramente, no tengo ganas de estrujarme la cabeza. Villanueva sigue siendo ese implacable cazador de vidas patéticas. “Podría seguir haciendo radiografías hasta el infinito y sobre cualquier personaje y ninguno saldría bien parado. Me gusta subrayar lo que no vemos de nosotros y los demás sí. Siempre retrato a gente atrapada en sus ideas y circunstancias, gente que se toma muy en serio a sí misma.”. En su último cortometraje, ‘Heterosexuales y casados’, Villanueva abre el zoom de su mira para enfocar (atrapar), no lo peor que somos, sino lo peor que podemos llegar a ser en pareja. ¿Contra quién dispara esta vez? Contra el modelo tradicional: heterosexuales, casados y garrulos. Lo que hemos heredado de nuestros padres es un patriarcado lleno frustraciones, en el que es fácil confundir el concepto de 'compromiso' con el de 'conformismo'. No funciona este modelo. Es lo que ocurre cuando quieres pagar con pesetas el último chisme de Nokia.
¿Quién podría debatir esto? ¿Cuánto duran las parejas que conoces? Pero éste no es un problema que surja en la pareja, sino que es consecuencia del individuo inculto y vacío que la forma.
“Todos queremos ser especiales, ganar y tener siempre razón, ser individuales, auténticos, y responsabilizar a los demás de nuestra felicidad o nuestra desgracia. Una locura. Sería genial aceptar no ser nadie. El mundo es como una guardería gigante. Si en una comunidad de vecinos es imposible que haya consenso, ¿cómo puede haberlo en el resto del mundo?”
Hay mucho ego y poca paciencia acodado en las barra de todos los bares. Hemos alcanzado un cielo lleno igualdades sólo para competir, llenarnos de derechos y olvidar nuestros deberes. Somos, como dice Villanueva, niños malcriados que no juegan al tenis en un día con viento. No es que no funcionen las parejas, es que no funcionan las personas.
Es un mensaje apocalíptico y lleno de humor el de Villanueva, pero no quiero creer que la solución es comprarse un piso muy alto para cuando suban las aguas, sino aprender de lo bueno que tenía la sociedad que hemos superado. Alguien dijo una vez que la revolución sólo acaba cuando, tras el triunfo, los vencedores giran la cabeza hacia atrás y rescatan lo mejor que tenía la sociedad de los vencidos. No recuerdo quién lo dijo, pero sé que es verdad. Y por cierto, todo lo dicho, que suena muy serio, no impide que te rías hasta reventar con el cortometraje.
Heterosexuales y casados
Heterosexuales, casados y garrulos
Un cortometraje de Vicente Villanueva
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1 COMENTARIOS:
Muchas gracias por las amables palabras que dejaste en mi blog. Acabo de entrar en el tuyo y me ha sorprendido gratamente. Lo leeré con tranquilidad. Un saludo afectuoso.
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